Ya estoy de vuelta!!!! Y … nonononono, ésta vez, no nos robaron.
Creo que han sido las vacaciones más completas que haya tenido nunca. He visto el románico mejor conservado de Europa, cinco cuevas (tres de ellas de un nivel impresionante e inolvidables), naturaleza, un parque temático de animales en libertad, un bambusario (un parque de bambús), playa y callejeo.
Ya me lo habían dicho, pero esta vez tuve la ocasión de comprobarlo, Francia es el paraiso de los autocaravanistas. En la mayoría de los pueblos hay un area especial para nosotros para pernoctar, vaciar aguas grises y cargar agua.
Hemos recorrido muchos pueblos que ya iré colgando porque en todos los lugares que hemos estado (planeado con antelación) hemos visto MARAVILLAS.
Han sido diecisiete días de no parar porque yo no viajo para descansar, viajo para conocer y eso agota mucho. Pero ahora, descanso en mi casa que me sale más barato (aunque ya estoy trabajando).
He pasado muchísimo calor y aunque solo he estado dos veces en la playa, vengo morena del sol de la calle.
Me he quedado sorprendidísima de la fuerte presencia que tiene Cataluña en el sur de Francia, pero alucinada ehhh. Además de ver muchísimas banderas catalanas, he visto una plaza con una barretina como escultura central de la misma, incluso una escultura (preciosa) del baile de la sardana. En algunos pueblos la presencia catalana era tan fuerte que los folletos informativos venían en francés, catalán e inglés, chúpate esa, de castellano ná de ná.
El colmo ya lo viví un día en Canet Plage cuando estaba tumbada tomando el sol y pasan a mi lado unos chicos franceses entonando una canción de Luis Llach!!. Claro que E. que además de haber estudiado Historia, la enseña, me decía que era normal porque esa zona había sido Cataluña hasta hace muy pocos siglos y de alguna manera, seguía siéndolo.

También me ha sorprendido el gran grado de civismo que se respira en todo. La gente es muy educada, respetuosa con el entorno, cuidadosa con el mobiliario urbano. Incluso los niños se les ve “mejor enseñados”. Lo comentaba con E. en numerosas visitas en las que había niños, sorprendía el silencio reinante en las explicaciones de los guías.
Cuando nos faltaban cuatro días para terminar nuestro periplo, me sobrevino un ligero dolor de muelas. Tengo el umbral del dolor muy alto, así que ya tengo experiencia en no dilatar mucho el encuentro con un médico si algo se convierte en algo más que en una molestia. En una oficina de información de turismo nos llamaron a un dentista de guardia (fue el sábado pasado a las doce de la mañana) y diez minutos después me estaban atendiendo con total diligencia. Una inyección en el mismo momento, antibióticos, corticoides, enjuague bucal y analgésicos. Según le dijo el dentista a E. (que es quien habla francés) tenía una tremenda infección que ya me abarcaba tres muelas. A las dos horas estaba mucho mejor y al día siguiente, perfecta, aunque sigo tomando los antibióticos y el lunes me verá mi dentista. Es curioso porque hace mes y medio hice la revisión y limpieza anual y todo estaba bien. En fin, sólo fue una anécdota.
Tengo muchisisisiisisimas fotos, uffffffffff, una pasada, si E. ha hecho desde siempre muchas fotos, ahora me he unido a esta especie de convulsa adicción, lo cual supondrá en breve, un problema de almacenamiento, así que ahora toca expurgo salvaje.

La Chanchicar se portó fantásticamente bien, aunque al segundo día tuvimos un pinchazo, pero eso no cuenta ¿no?
La convivencia fue para un diez y os aseguro que no es fácil desenvolverse en tan poco espacio y durante tantos días. El orden ha de ser “alemán”, cada cosa ha de tener un sitio y nada ha de quedar sin colocar porque uno para e inicia marcha con frecuencia y todo ha de estar guardado para que no se caiga durante la conducción.
Para nosotros la Chanchicar es sinónimo de FELICIDAD con mayúsculas, nos da libertad, paramos donde queremos y el tiempo que necesitamos. No necesitamos contacto con los demás, es más, lo rehuimos, estamos muy bien solos, así que es un modo de viaje que nos va bárbaro.
También es una forma barata de viajar, el desembolso mayor es el que se hace en combustible y con las entradas a las visitas (son carillas). Comemos en la autocaravana ensaladas como plato estrella. Ensaladas de arroz, de canónigos, de pasta y a la que le agregábamos todo tipo de cosas, maíz, soja, apio, guisantes, frutas, bonito, jamón, pato, etc. y mucha fruta.

Dos o tres veces nos comimos por ahí una pizza, un día compramos un pollo y nos lo comimos en la chanchicar y el último día nos dimos un homenaje en Carcassone con un menú degustación de esos que nos gustan, de guinda de final de fantásticas vacaciones. Pero no gastamos mucho, vamos, no podríamos viajar tanto si gastásemos mucho. La fórmula es disfrutar con otras cosas (con lo que ves, conoces, descubres) y utilizar una cocina sencilla que guste y no haga perder tiempo.
Ahora a trabajar, y a disfrutar de A Coruña que estamos en fiestas.
(Empezaré con las fotos en los siguientes posts).